Solo hace falta un instante, una chispa, el detonante y la explosión. Y
entonces todo se vuelve oscuro.
Todo ese sentimiento sale fuera. Todo lo que te esforzabas por entender,
empieza a ser demasiado complicado. Se rompe una rama y de repente todo lo que
estaba bien, queda destrozado. Una idea, algo que te dijeron, una sombra que
siempre estuvo ahí. Cada cosa que aprendimos de nosotros, cada sueño...
Y dejamos de respirar un segundo, y el latido más importante se pierde. La
falta de aire y esa presión en el pecho. Y nos hacemos pequeños, y nos sentimos
débiles.
Y tú sufres, y del otro lado sufro yo. Y no hay nada que podamos
hacer.
Y si en verdad es el dolor a lo desconocido lo que nos detiene?, un miedo
que no sentimos físicamente, pero tan real que dejara una cicatriz incurable y
latente por el resto de nuestras vidas.
Lo cierto es que nos puede la cobardía, y el más mínimo obstáculo nos
asusta y volvemos nuestros pasos atrás. Y puede que hoy no, ni mañana, ni
siquiera este año... Pero un día lloraremos amargamente por habernos dejado
vencer sin luchar... Y esa será la más mortal de las heridas, la que
constantemente se mantendrá sangrando solo para recordarnos lo que somos, y lo
que hicimos de nuestra vida.